Sobre mí

enano1

Ese bichejo de ahí arriba soy yo. Bueno, no ahora, es mi yo del pasado.

“¿Y por qué pones a tu yo del pasado?” Seguramente te preguntes…

Pues, por una sencilla razón:

Para no olvidar lo soñador y feliz que era cuando era un enano.

Porque cada día era una aventura nueva. Me despertaba y no sabía qué iba a descubrir… tan risueño y curioso.

Sin embargo, con el paso de los años vas perdiendo todo ese encanto. Llegan las responsabilidades, poco a poco se desvanecen los sueños que tenías de pequeño y te marcan un camino rígido que por norma debes seguir. La ruta que a otros les conviene que sigas.

Hoy en día vivimos en una locura de sociedad, frenética y estresada, corriendo a todas partes y sin rumbo aparente. Rutinas que no te cuestionas: las hemos asumido como un “debe ser”. Casa, trabajo, con suerte, gimnasio o yoga, casa y vuelta a empezar.

¿No lo sientes así, tú también?

Entonces, sin darte cuenta, llega el fin de semana y en vez de relajarte lo quieres exprimir tanto que, una vez más, continúa la locura de actividades y ritmo desenfrenado.

¿A que sí?

Y vuelve a empezar la semana. Y de repente un día te paras y …

¿Dónde ha ido mi tiempo?

Pasan los meses que ni te enteras.

Te dejas llevar y haces lo mismo que todo el mundo: vivir sin aliento.

No dejas lugar para el descanso ni para entender a dónde vas con tanta prisa. 

Y lo peor siempre está por venir… llega fin de mes, y una vez más, tu cuenta del banco está tiritando. ¿Pero qué he hecho con el dinero? ¿Otro mes igual? 

Esta no es la vida con la que soñabas de pequeño.

¿Quién soy?

Pues el mocoso de allí arriba soy yo.

Mario Díez y ahora mismo tengo 33 años.

Soy de Barcelona, aunque toda la vida he vivido en Hospitalet. Una ciudad obrera que creció gracias a la industria y a la inmigración de los ’70. De hecho, mis padres llegaron aquí a finales de esa década.

Vengo de una familia muy trabajadora, en ocasiones, demasiado. Por eso, de pequeño no solía ver mucho a mi padre, porque trabajaba largos períodos fuera de la ciudad. Pero, cuando estaba en casa siempre me taladró con que “tenía que trabajar mucho para traer dinero a casa”. Así que, desde pequeño, tenía bastante conciencia del valor del dinero y no me gastaba las propinas en chorradas.

A ver, era pequeño, pero no tonto…

¡Cuántas bolsas de chucherías y sobres de cromos cayeron aún así! jajaja.

Pero, a medida que fui creciendo y madurando (sí, algo he madurado), también me empecé a volver más responsable.

Al contrario que algunos amigos y conocidos, durante el boom del ladrillo, me mantuve al margen de ese despilfarro, mientras otros cobraban sueldos estratosféricos y gastaban muy por encima de las posibilidades.

Eso, lo viví de cerca.

Sin embargo, en casa me limité a seguir alguno de los consejos que me daba mi padre.

“Hazte un colchón económico por lo que pueda pasar…”

Y vaya si pasó…

Tras mi paso, sin pena ni gloria, por la Universidad, salí sumamente pre-parado.

Porque acabé en 2008 y, con una ingeniería electrónica bajo el brazo, me vi en un mercado desolado en el que no te daban trabajo ni sin cobrar.

Iluso de mí el día que entré en la universidad y un profesor dijo: “los que acabéis esta carrera, que seréis pocos, tendréis trabajo seguro y muy bien pagado”.

¡Y UNA M*****!

Así que, gracias a la crisis, me tuve que ir de España hasta en dos ocasiones para crecer profesional y personalmente. 

No sé si has pasado por esta situación, pero te aseguro que maduras por narices, viviendo en el extranjero.

Mario10Porciento

De todas esas experiencias he aprendido mucho. Pues, gracias a haber ahorrado antes de la crisis, pude sobrellevarla con un colchón de seguridad.

Cuando empecé a trabajar finalmente como ingeniero, siempre mantuve el balance en positivo, por si las moscas.

Y, en el momento en el que me vi con unos ahorros de algunos miles de euros, empecé a pensar en qué sería lo siguiente.

Como curioso que soy, empecé a investigar qué podía hacer con mi dinero para que no se pudriese en la cuenta del banco. Y descubrí las acciones de bolsa.

Tras perder unos cientos de euros por no controlar la psicología, seguí formándome para aprender más y más. Logré recuperar el dinero perdido y generar algún beneficio.

Sin embargo, la bolsa era algo que requería bastante tiempo y no me gustaba esa angustia de comprar algo y ver cómo se hundía al día siguiente.

Sí, soy un genio del timing. Pero eso es otra historia que ya te contaré y te aseguro que te vas a reir.

Es por eso que seguí descubriendo nuevas alternativas, más seguras y menos volátiles.

Grabé a fuego en mi cabeza eso de “no metas todos los huevos en la misma cesta”.

O lo que es lo mismo, diversifica.

En la actualidad, utilizo varios instrumentos financieros. Algunos, como las acciones de bolsa, los delego en otras personas en las que confío. Otros, son tan simples que los puedo gestionar yo solo.

Mario10PorCiento nace para ser un lugar donde poder compartir todo lo que sé y lo
que he aprendido, por las buenas y por las malas, en lo referente a mi relación
con el dinero.